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“DON ENRIQUE ALVEAR HA SIDO UN PASTOR CON OLOR A OVEJA"



De esta manera el cardenal Ricardo Ezzati destacó la figura de Monseñor Enrique Alvear en la Eucaristía en que se conmemoraron los 34 años de su pascua, en el marco de las celebraciones del centenario del nacimiento del “Obispo de los Pobres”.

La tarde de este 30 de abril en una Parroquia San Luis Beltrán repleta de fieles, familiares, amigos y comunidades de diversos puntos de Santiago, se desarrolló la celebración litúrgica que fue presidida por el Arzobispo de Santiago, cardenal Ricardo Ezzati, y que fue concelebrada por el Vicario de la Zona Oeste, obispo auxiliar Galo Fernández; el párroco Julio Larrondo; y los sacerdotes Fernando Tapia, Sergio Nasser, Eduardo Silva sj, e Ignacio Muñoz, entre otros.

Al iniciar su homilía, el arzobispo señaló: “Celebramos este domingo del tiempo pascual en la Parroquia de San Luis Beltrán donde descansan los restos mortales de don Enrique Alvear Urrutia, con ocasión del recuerdo de los 100 años desde que naciera a esta vida mortal. Nos embarga una gran alegría y una gran esperanza. La alegría del encuentro fraterno que nos une en la acción de gracias por el don de la vida del ministerio sacerdotal y episcopal de don Enrique, con la esperanza que el proceso canónico de su beatificación siga adelante para la mayor gloria de Dios y para el bien de su Iglesia. Especialmente para la Iglesia que peregrina aquí en Santiago”.

Luego agregó: “Parafraseando una expresión habitual del papa Francisco, podemos decir que entre nosotros don Enrique ha sido un pastor con olor a oveja, y al mismo tiempo entre las ovejas el buscó ser un pastor con olor al único buen pastor, el pastor que ha dado su vida por nosotros reconciliándonos con el Padre y regalándonos su propia vida de hijo de Dios”.

Conectando con los textos de la liturgia del día, el pastor explicó: “La lectura de los Hechos de los apóstoles testimonia la vida de la Iglesia de los comienzos. Los apóstoles y discípulos del Señor predican con valentía la buena nueva de Jesús. La anuncian a judíos y paganos y muchos acogen con gozo y fe el Evangelio que se les anuncia. ¿Qué se debía acoger de las costumbres judías para convertirse en discípulos del Señor? La comunidad de Antioquía, Pablo y Bernabé discutieron duramente y por eso se decidió que subieran a Jerusalén para tratar esta cuestión con los apóstoles (…) La conclusión del discernimiento fraterno dio paz y luz a todos. El Espíritu Santo y nosotros mismos hemos decidido no imponer ninguna carga más”.

El cardenal Ezzati complementó: “El evangelio de Jesús, es siempre Evangelio que libera y nos libera de nosotros mismos, de las actitudes, de las ataduras de quienes viven junto con nosotros. Esa es la manera para superar dificultades que nunca faltan en el camino de la iglesia, y también de cada persona, de las familias, de los barrios, de la ciudad y del país. El diálogo, la búsqueda del consenso, el recurso a los prudentes de la comunidad y sobre todo la confrontación honesta con la sabiduría de Dios hasta llegar al discernimiento del mayor bien posible para la vida personal y de la comunidad”.

Desde esta mirada de la palabra de Dios, el cardenal reflexionó: “Es la sabiduría evangélica que brilló en la humildad de don Enrique y que lo hizo dialogante, abierto para acoger los pareceres y la opinión de las comunidades eclesiales que servía. Fiel a Jesucristo y a su Evangelio y al mismo tiempo atento a la sabiduría que el Espíritu Santo, se regala a todos lo miembros del pueblo de Dios”.

“Los tiempos vividos por monseñor Alvear no fueron fáciles. No le faltaron persecuciones, en ocasiones cargadas de violencia, como cuando volviendo de un encuentro de obispos latinoamericanos celebrado en Ecuador, en el aeropuerto de Pudahuel fue recibido con insultos y piedras. Sin embargo la imagen que conservamos de él, es la de un obispo humilde, manso, sonriente, tejedor de reconciliación y de paz en un tiempo de tensiones y discordias. Sí, don Enrique vivió las bienaventuranzas del Señor “Dichosos los que trabajan por la paz porque se llamaran hijos de Dios”, “Felices los perseguidos por causa del bien porque el Reino de los cielos, les pertenece”, dijo el arzobispo.

“La liturgia de la palabra de este domingo termina proponiéndonos las palabras de Jesús: ‘El que me ama será fiel a mi palabra, el Espíritu Santo les enseñará todas las cosas, les dejó la paz, les doy mi paz, me voy pero volveré a ustedes’. Son palabras que asombran, consuelan e inspiran. Así recordamos la visita que Dios nos hizo en la persona de don Enrique, un pastor cercano, preocupado de los pobres, imagen del buen pastor que conoce, ama y da la vida por sus ovejas. Un pastor que aun en su fragilidad buscó solo testimoniar el amor y la ternura del Padre Dios. La Iglesia de Santiago agradece la vida y el ministerio de don Enrique, haciendo memoria de él en este día, renueva su propósito de ser una Iglesia sin fronteras, que sale al encuentro de los hermanos y las hermanas que viven en las más diversas periferias de nuestra ciudad para llevar a todos el gozo del Evangelio”.

Una vez concluida la eucaristía se realizó una visita a la tumba del obispo Alvear. Allí se realizó una oración y la bendición final que estuvo a cargo del monseñor Galo Fernández y el arzobispo Ricardo Ezzati.

Luego se invitó a todos los asistentes a participar de un encuentro más cercano para compartir la alegría del recuerdo de don Enrique y su vida al servicio de los más excluidos.

Entre ellos, la señora Hilda Moreno -quien era llevada del brazo por una amiga- señaló: “Yo no he dejado de venir nunca a este misa durante 30 años. Recuerdo que don Enrique me fue a dejar dos veces a mi casa. Yo trabajaba en los comedores y ahora soy ministro de comunión. Yo le pedí la intercesión a don Enrique porque me estaba quedando ciega. Le tengo tanto cariño. Cuando el cardenal habló de lo que pasó en el aeropuerto yo recordé como lloraba porque sabía como don Enrique era. Para mí es un santo”.

Similar es el relato de Fresia Barraza: "Yo lo conocí el año 1981. El compartió con nosotros una semana en la capilla Nuestra Señora de la Esperanza de la Parroquia Cristo Evangelizador y Solidario. Eramos todas señoras jóvenes que estábamos en catequesis. Ahí nos ayudo para comprar unas baldosas que necesitamos. Nos pasó 5 mil pesos. El nos enseñó la solidaridad. Por eso hoy colaboro con su causa y me llevo un chanchito para juntar plata en mi comunidad y así ayudar a la Fundación para la causa de beatificación de don Enrique”.

Finalmente el rector de la Universidad Alberto Hurtado, Eduardo Silva sj, dijo: Don Enrique es el obispo que el Concilio Vaticano II soñó. Es un pastor que nos enseña a todos los curas a como ser pastores. Es imagen de los que las comunidades eclesiales de base quieren ser, es el alma de la zona oeste. Yo estoy en la Fundación Cerro Navia Joven y el Colegio que lleva el nombre Enrique Alvear. Él es nuestro patrono, es la persona que nos regaló Jesucristo para poder servir y acompañar a los más pobres en las comunidades”.

Fuente: Comunicaciones Santiago
www.iglesiadesantiago.cl